Hoy os escribo sobre mis días de paz y desconexión en una tierra muy querida por mi; Torremejía. Este post es especial, pues mi familia es de este pequeño pueblo extremeño que no llega a los 3.000 habitantes situado al lado del Guadiana, entre Almendralejo y Mérida.

El término municipal de Torremejía se encuentra enclavado en la llamada penillanura de Badajoz, es decir, la parte más llana de la provincia, y pertenece a la comarca de Tierra de Barros.

En Torremejía está ambientada la novela La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, y no es de extrañar, pues es una tierra que inspira por sus inacabables «fanegas», como las llaman aquí. Quilómetros y quilómetros de olivos, encinas y, como no, de cepas, no dejan indiferente a nadie.  

Estoy allí como cada año durante unos días para cargar pilas, haciendo mis rutas de la Vía de la Plata. Ésta, llamada también Camino de la Plata, es el tramo del Camino de Santigo más importante desde el sur peninsular y se caracteriza por las enormes distancias entre poblaciones y temperaturas las extremas que hay durante el verano.

La excelentísima gastronomía de la zona y las estupendas lecciones de agricultura de familiares que cada vez me curten más en este mundo vinícola que tanto admiro, hacen que cada año desee que lleguen estos días.

En esta ocasión, hasta he tenido la oportunidad de descogollar yo misma unas líneas de cepas de los viñedos. Muy amablemente, el señor Julián Guerrero, el tío de mi amiga Francis (¡gracias!) nos ha explicado que el descogollo es importante para que la cepa no pierda la fuerza al crecer y poder tener esa fuerza también para una calidad mayor de la uva.

De estas tierras se obtienen grandes vinos como Oro Mejía, del que podemos optar entre su variante de tinto, blanco y rosado, y el que es excelente para maridar con unas buenas migas, plato autóctono que despierta en mí recuerdos de una tierna niñez.

Os invito a perderos por esta zona de España y, para todos aquellos que habéis llegado hasta aquí, gracias por dedicar un tiempo a leer sobre mi tierra.

Tota Parejo